Me molesta la rigidez con que escribo últimamente.
Me molesta ser tan dócil y voluntariamente presa y encadenada.
Me molesta estar demasiado inmersa en un formato que me aburre, me apesta, me aplasta.
Me molesta no poder siquiera vislumbrar un atisbo de escape.
Me molesta que el único que encuentre tenga que ver con tomar una metralleta y lanzar a los siete vientos y los cuatro mares una lluvia de disparates disparados.
Me molesta la sensación apremiante que cosquillea en mis rodillas.
Me molesta pensar en la próxima madrugada, en el casa en silencio, en la respiración de los perros, en el correr de la última micro, y la frenada del semáforo.
Me molesta el clic del teclado y su color opaco que no me permitiría ver sino es con la luz encendida; encandiladora de parpados, hipnotizadora de pestañas, engatusadora de pupilas, faldera de iris, seductora de lagrimales, conquistadora de ojeras.
Me molesta no encontrar cosas positivas en esta vida de que poco a poco también comienza a aplastarme.
Me molesta no tener la historia de un ser de otro mundo, o un animal de galaxias en la que refugiarme, y en cambio, me molesta de sobre manera, no tener más de que hablar que como siempre que se hace una historia, de un viejo de un niño o de sí.
Me molesta los aires imperialistas que de poco a poco metamorfosean en los eslabones de la cadena.
Me molesta que la cadena no esté forjada de hierro, ni acero, ni metal, sino de piel, huesos y cartílagos.
Me molesta que alguien lea esto, porque no es para ti, ni para nadie.
Me molesta que la frase anterior ya no tenga validez en el sistema de la supuesta democratización de la información.
Me molesta descargar las cosas de forma tan rebuscada y metafórica.
Me molesta esconder, pero sobretodo me asusta, me limita, me contrae.
Me molesta eso.
Me molesta esto.
Me molesta todo.
Me molesta nada.
Me molesta… y fin.
Me molesta ser tan dócil y voluntariamente presa y encadenada.
Me molesta estar demasiado inmersa en un formato que me aburre, me apesta, me aplasta.
Me molesta no poder siquiera vislumbrar un atisbo de escape.
Me molesta que el único que encuentre tenga que ver con tomar una metralleta y lanzar a los siete vientos y los cuatro mares una lluvia de disparates disparados.
Me molesta la sensación apremiante que cosquillea en mis rodillas.
Me molesta pensar en la próxima madrugada, en el casa en silencio, en la respiración de los perros, en el correr de la última micro, y la frenada del semáforo.
Me molesta el clic del teclado y su color opaco que no me permitiría ver sino es con la luz encendida; encandiladora de parpados, hipnotizadora de pestañas, engatusadora de pupilas, faldera de iris, seductora de lagrimales, conquistadora de ojeras.
Me molesta no encontrar cosas positivas en esta vida de que poco a poco también comienza a aplastarme.
Me molesta no tener la historia de un ser de otro mundo, o un animal de galaxias en la que refugiarme, y en cambio, me molesta de sobre manera, no tener más de que hablar que como siempre que se hace una historia, de un viejo de un niño o de sí.
Me molesta los aires imperialistas que de poco a poco metamorfosean en los eslabones de la cadena.
Me molesta que la cadena no esté forjada de hierro, ni acero, ni metal, sino de piel, huesos y cartílagos.
Me molesta que alguien lea esto, porque no es para ti, ni para nadie.
Me molesta que la frase anterior ya no tenga validez en el sistema de la supuesta democratización de la información.
Me molesta descargar las cosas de forma tan rebuscada y metafórica.
Me molesta esconder, pero sobretodo me asusta, me limita, me contrae.
Me molesta eso.
Me molesta esto.
Me molesta todo.
Me molesta nada.
Me molesta… y fin.
